domingo, 2 de febrero de 2014

Caperucita rockera


       En una oscura celda yacía inmóvil un hombre de complexión fuerte y aspecto descuidado. Aún recordaba aquel día, muchos años atrás, en el que fue condenado por maltrato animal.

       Todo comenzó una mañana fría y gris cuando me disponía a salir de cacería para llevar algo de comer a casa. En aquella época, apenas sobrepasaba la treintena y rebosaba energía por cada poro de mi piel. Mientras me escondía entre los matorrales secos del bosque, vi pasar, montando en bicicleta, a una beldad de ojos azules y pelo ensortijado. Vestía una sudadera roja con capucha en cuyo anverso destacaba, con letras negras, la frase “I'm a devil”. Amarrado con fuerza al manillar, un objeto que se asemejaba a un disco temblaba ligeramente. Más tarde, pasaba corriendo tras ella un lobo de aspecto fiero. Iba a tal velocidad que no tuve tiempo de dispararle. Me sentí preocupado por la joven y decidí atajar por un sendero oculto entre los árboles, que me llevó hasta un claro del bosque. En él había una casita, propiedad de una anciana algo solitaria. Si no me equivocaba, la chica y el lobo deberían pasar por allí...

       Los hechos posteriores ocurrieron muy rápido: apenas tuve tiempo de ver cómo ambos corredores llegaban al mismo tiempo frente a la casa. En un acto reflejo disparé mi arma contra la masa grisácea que parecía ser la fiera. Un aullido rasgó el cielo mientras las primeras gotas de lluvia comenzaban a caer.

       La puerta se abrió, descubriendo una mesa de madera sobre la cual había depositadas tres tazas de humeante chocolate. La anciana apareció entre quejidos: un reproductor de música pendía del bolsillo de su vaquero negro, a la vez que tarareaba una canción en lengua extranjera. Llegó junto a la bestia y la examinó detenidamente. La niña, que resultó ser su nieta, aparcó la bicicleta contra el muro de la casa. Minutos después numerosos vendajes cubrían las extremidades posteriores del animal. Varias miradas encolerizadas repararon en mi presencia.

       Caperucita Roja, la que echaba carreras con el lobo, la que llevaba un CD de rock a su abuela, la que tomaba chocolate con el animal en casa de esta... fue la misma que destrozó la vida del preso, acusándolo de un delito que cometió por protegerla. No había ni un día en que el cazador no se acordara de ella.           

                                                                                                               Laura, 3ºA

 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

martes, 16 de abril de 2013

Monólogo interior

     He dejado la universidad, podría haberla acabado, tener un trabajo o al menos la carrera, pero he sido la tonta de siempre. Podía haber aprobado los tres últimos exámenes,¡si me los sabía! El hoyito que se formaba en su cara al sonreír y aquellos ojos hicieron que me olvidara de todo y no pensara
en otra cosa ¡me odio!
     Y hasta mi madre ya había comprado mi traje de graduación...¡mi familia estaba muy orgullosa y
contenta por mí!¡Y la fiesta! Las chicas la estaban preparando para cuando terminara los exámenes,
me esperarían en la puerta de la uni y pasaríamos una tarde genial, ¡como me hubiera gustado pasar
esa tarde junto a ellas!
     Ahora ya no hablamos porque ¡claro! yo dejé de hablarles cuando se enfadaron por todo lo
sucedido, cuando se enfadaron por ver que había tirado todos mis estudios por la ventana ¡que
imbécil! Les tenía que haber hecho caso ¡que ciega he sido! ¡que ciega!
     Ya está, otra vez llorando ¿me creo que llorando solucionaré algo? ¿Qué hago ahora? ¡Estoy sola!
Nadie me habla, me ignoran ¡me odian! Todo por culpa de él ¿por qué vino este año de
intercambio?¿No pudo escoger otro curso? ¿No podía haberse sentado al lado de otro compañero?
Así no lo hubiera conocido. Si yo no hubiera pedido trasladarme a la universidad de Cambridge con
él ahora seguiría con mis estudios, ¡que digo! ¡Habría a acabado la carrera! ¿Y si hubiera ido a
Cambridge? ¡No! No querría haberlo visto con ella ¡No quiero verla! ¡No quiero conocerla!
Menos mal que su teléfono sonó en el aeropuerto y se lo dejó en el bolso, no sabía lo que le venía
encima...ni yo tampoco.¡Idiota! ¡No es justo!
     Esa foto arruinó mi vida ¡la arruinó! La foto que aparecía en la pantalla podía ser de él con
cualquier chica, su hermana pensé que era. Pero ponía llamando “bride”. ¿Rompería el teléfono
cuando lo tiré? ¡Él rompió mi corazón!
                          




                                                                                                                 Marta 3ºA